Marko Cortés y Xóchitl Gálvez protagonizan el drama del momento, digno de un capítulo de «La Rosa de Guadalupe».
Imaginen la escena: Gálvez, en un acto de cortesía política que muchos podrían considerar revolucionario, llama a felicitar a Claudia Sheinbaum. Y Marko Cortés, líder del PAN, se convierte en Hulk político, pero sin el verde y los músculos, solo con la ira y los gritos.
Xóchitl, cual heroína incomprendida, cuenta que ya tenía preparada la felicitación en su discurso de derrota. Claro, Marko no podía permitir tal afrenta. ¡Felicitaciones en la política mexicana! ¿Qué sigue? ¡Inaudito! Así que Cortés, con la gracia de un toro en una tienda de porcelana, exige eliminar la parte amable del discurso. Porque nada dice “democracia” como gritar y ofender, ¿verdad?
El hijo de Gálvez, cual escudero moderno, interviene para defender a su madre. Es casi una escena sacada de un culebrón, con Cortés levantando la voz y Gálvez sosteniendo su postura. Según ella, algunas personas piensan que gritar es la solución, pero las mujeres manejan la política de otra manera. ¡Que locura!
Y Cortés, defendiendo su enojo con la vehemencia de un caballero medieval, dice que no era el momento para felicitar. ¡Claro, porque en medio del conteo de votos, la cortesía es una traición! Así que el PAN, con la solemnidad de un tribunal inquisitorial, impugnará la elección, porque perder es una cosa, pero perder con gracia es una violación de principios.
Mientras tanto, Max Cortázar, el escudero de Gálvez, dice que ella actuó democráticamente. Vamos, como si la democracia importara en la política. ¡Qué ingenuo! En resumen, este episodio de “El Circo Político” nos deja con una lección clara: en la política mexicana, ser cortés es una herejía y los principios son flexibles, siempre y cuando no impliquen reconocer la victoria de alguien más. ¡Bravo, Marko y Xóchitl, por regalarnos esta joya de espectáculo!